Según se dio a conocer recientemente la conexión WiFi se ampliará al Parque México y el Corredor Reforma en el Distrito Federal.
Aunque pudieran parecer pasos insignificantes, todo cuenta, y todo se va haciendo una cadena de eslabones en la consecución del Gobierno electrónico, en toda su amplitud, en México.
Sin disponer de la infraestructura necesaria es difícilmente posible lograr nada en el entorno electrónico.
Un acceso adecuado a la tecnología es absolutamente necesario para el desarrollo de los servicios de esta Administración electrónica.
Y dentro de estos servicios aún sigue en disputa la creación de una cédula de identificación ciudadana, que tanto ha dado que hablar desde hace unos años, ya unos cuantos.
Como siempre, el peligro es que este proyecto se lleve a cabo, de nuevo, sin el conocimiento de los afectados y que, de repente, nos encontremos, sin más, con una tarjeta electrónica que acumule quién sabe cuántos datos y a merced del acceso de quién sabe cuántas personas.
Del mismo modo, y también en el DF, igualmente se dio a conocer que la tecnificación del Registro Público de la Propiedad, que, según afirman sus responsables, ha fortalecido los procesos registrales con la incorporación de la firma electrónica avanzada, la creación del folio real electrónico, la digitalización de todo el acervo registral y del nuevo modelo integral del Registro Público digital.
Aunque parece que en las elecciones de este pasado domingo 4 de julio no se acució una participación más baja que en las anteriores, salvo en Estados como el de Tamaulipas, por razones tristemente obvias, lo cierto es que México siempre se caracteriza por una muy escasa participación en las urnas.
¿Creen ustedes que la participación electrónica mejoraría esto?
Ya ha habido varios intentos de sufragio público electrónico, en mayor o menor medida, en nuestro país.
En las pasadas elecciones generales, en 2006, se pusieron en algunas casillas electorales los llamados quioscos electrónicos en los que se hacían preguntas sencillas sobre si les gustaría a la gente votar electrónicamente.
Como ya hemos hablado alguna que otra vez en algún que otro post, cuando se trata de hablar de voto electrónico (o más en puridad por medios electrónicos), especialmente por Internet, es un tema que se está debatiendo arduamente a nivel mundial y que parece, como otras muchas cosas relacionadas con esta materia, imparable.
No obstante, conviene recordar desde el principio que cuando hablamos de voto electrónico parece que sólo nos estamos refiriendo a la capacidad de participar en el Estado de Derecho en un país democrático, pero, contrariamente a eso, existen multitud de ocasiones en las que es necesario ejercer ese derecho a voto, diferente de las elecciones a un país. Es el caso, por ejemplo, de las numerosas elecciones empresariales, o dentro de cualquier organización.
Además, como cada vez que hablamos del entorno electrónico, tenemos que distinguir Internet de los demás medios electrónicos, especialmente por la relevancia de dicha red. En concreto, la utilización de la popular red de redes con estos fines podría dar lugar al “voto telemático”, como una categoría más específica dentro del voto electrónico.
En la democracia participativa, básicamente tenemos que garantizar dos cosas, el anonimato, y la unicidad del voto (unida a que el votante tiene que estar legitimado para serlo). En las votaciones de otra índole, como por ejemplo en las juntas de accionistas, tenemos que tener conocimiento de quién vota, de su capacidad de representación, en su caso, o de la delegación que ostenta.
En definitiva, cuando estamos hablando de votar, existen una serie de cuestiones que hay que garantizar:
1. Elegibilidad y autenticación: que sólo los que estén legitimados para votar voten.
2. Fiabilidad (unicidad del voto): que sólo se pueda votar una vez y no se pueda alterar el resultado de dicha votación.
3. Anonimato: que no se pueda relacionar el voto con el votante que lo emitió.
4. Imposibilidad de coacción: ningún votante puede ser capaz de demostrar qué voto emitió. De esta forma se impide la compra masiva de votos y la presión sobre los votantes, ya que la persona que desea influir sobre otra u otras no tiene garantía del resultado de su acción.
5. Precisión: los sistemas tienen que poder registrar los votos correctamente.
6. Verificación: cada votante deberá tener un acuse de recibo por parte de la urna digital que nos garantice que nuestro voto será incluido en el escrutinio final.
7. Imparcialidad: Todos los votos deben permanecer en secreto mientras no finalice el tiempo de la elección. De este modo, los resultados parciales no afectarán a la decisión de los votantes que no han depositado su voto todavía.
8. Veracidad y auditoría de la votación: de manera que si se descubre algún defecto en la publicación de los resultados, existan mecanismos para poder verificar que todos y cada uno de los votos se han tenido en cuenta.
9. Confiabilidad: los sistemas de elección deben trabajar de modo seguro, sin pérdida de votos, incluso en el caso de que existieran muchos fallos.
10. Flexibilidad: los equipos de elección deben permitir una variedad de formatos (idiomas, posibles elecciones a distintos órganos), y ser compatibles con una variedad de plataformas y tecnologías y accesibles para discapacitados.
11. Conveniencia: los votantes tienen que ser capaces de votar con unos requisitos mínimos de equipos o habilidades.
12. Transparencia: los votantes deben tener un conocimiento y entendimiento generales del proceso de voto.
13. Eficiencia en el coste: los sistemas tienen que ser asequibles y eficientes.
14. Certificables: los sistemas deben poder probarse por las autoridades para que puedan confiar en que cumplen con los criterios necesarios.
Pero lo anterior tiene que estar sustentado en un proceso técnico complicado y de gran importancia, dado que ya hemos explicitado todos los requisitos que tiene que cumplir.
Y aunque no es el momento para detenernos mucho en ellos, en realidad parece que una de las cosas que más se utilizan para denostar estas técnicas es que se duda de su “seguridad”.
Y, sin querer ahondar en la tristemente famosa falta de seguridad, esta vez física, en algunos Estados de nuestro país, que precisamente parece que ha hecho que la participación sea aún menor, les hago la pregunta que me surgió al leer los resultados electorales y que ha motivado el post de hoy: ¿creen que la participación electoral aumentaría si promoviéramos los medios electrónicos? ¿cómo, en su opinión, tendríamos que hacerlo? ¿desde donde? ¿con qué habría que contar a nivel institucional?